dimecres, 31 de desembre de 2008

Así se ficha en Las Vegas


Este domingo concluye la NBA Summer League de Las Vegas, todo un clásico del tiempo estival. Àlex Gozalbo, periodista freelance especializado en baloncesto, ha viajado hasta allí para conocer cómo funciona la competición y cómo se gestan los fichajes.

Hasta 53 partidos de 21 equipos en apenas 10 días obligan a organizarse muy bien antes de ir a la NBA Summer League de Las Vegas. Una vez allí, el exceso de información puede abrumar a más de uno. Los ojeadores de los clubes más importantes de Europa se concentran estos días en la localidad de Nevada, donde buscan completar sus plantillas con algún jugador interesante.

La mayoría de los ojeadores ha viajado ya a Las Vegas con los deberes hechos y una lista de nombres más o menos cerrada. El desplazamiento sirve, pues, para completar información sobre sus posibles fichajes y empezar a familiarizarse con jugadores que, con el tiempo, pueden ser interesantes. Todos buscan lo mismo; adelantarse a los rivales y descubrir jugadores útiles antes que el resto.

Lo cierto es que no es sencillo ya que los mejores jugadores de la Summer League tienen contrato garantizado en la NBA. Es el caso de Donte Greene (Rockets), Jerryd Bayless (Blazers), JJ Hickson (Cavs), Wilson Chandler (Knicks) o Thaddeus Young (76ers), por citar sólo a los cinco mejores anotadores de la primera semana. En la misma situación están también las mejores elecciones del draft, como OJ Mayo (Grizzlies), Kevin Love (Wolves) o Danilo Gallinari (Knicks). De la primera ronda del draft es, casi siempre, mejor olvidarse. Intocable.

A pesar de ello, los clubes europeos encuentran jugadores interesantes para reforzar sus equipos y cada vez menos conjuntos se quedan sin representación en este tipo de eventos. Al menos nueve de los 18 equipos de la Liga ACB han estado estos días en Las Vegas. La mitad.

Los clubes interesados en fichar tienen la oportunidad de ver un máximo de cinco partidos del jugador al que pretenden, siempre y cuando el entrenador lo alinee en todos ellos, algo que no es habitual ya que los técnicos de las franquicias de la NBA aprovechan para realizar muchas pruebas. Los Dallas Mavericks, entrenados en la NBA Summer League por Dwane Casey, han estado utilizando en Las Vegas a 16 jugadores. Es lo normal.

Con tanto cambio, el speaker no lo tiene sencillo y se apunta en unos papelitos el nombre y el número de los jugadores que hay en pista. A un lado, el equipo que hace las veces de local y juega de color claro. Al otro, el visitante de color oscuro. De los extranjeros, como Marco Belinelli (Warriors), se anota también la pronunciación correcta.

Los altibajos de los jugadores también dificultan su seguimiento en Las Vegas, donde la concentración de partidos trata de imitar la dureza de la competición de la NBA. Incluso dentro de un mismo encuentro el rendimiento fluctúa mucho. Así, por ejemplo, es normal ver como Danilo Gallinari (Knicks) se queda 20 minutos sin anotar y suma 14 tantos en los diez siguientes.

La mayoría de los partidos de la NBA Summer League de Las Vegas se juegan en el COX Pavilion (3.000 espectadores) y el resto, en el Thomas and Mack Center (19.500), un pabellón en el que están colgadas ocho camisetas del techo. Entre ellas, las de Reggie Theus (#23), Stacey Augmon (#32), Larry Johnson (#4) o Greg Anthony (#50).

Ambos pabellones, que se encuentran en el recinto de la Universidad de Nevada Las Vegas, están comunicados por el mismo hall. Ahí se concentra buena parte de la actividad, del mercadeo. Por 20 dólares los clubes pueden hacerse con una copia en DVD del partido que soliciten. Es uno de los pocos servicios que tienen ya que si quieren estadísticas o datos sobre la trayectoria de los jugadores participantes deberán buscarse a un conocido en la (inaccesible para el que no sea periodista) zona de prensa.

Es, precisamente, en el hall que comunica ambos pabellones donde tienen lugar buena parte de las conversaciones de los agentes con los representantes de los clubes. El resto se producen en la grada, situación que permite ir comentando detalles sobre las características del jugador sobre el cual se está negociando. Si el futurible anota, el agente remarca sus buenos porcentajes de tiro. Si falla, el ojeador aprovecha para pedir una rebaja en el precio.

Los clubes tratan de aprovechar el viaje a Estados Unidos para recalar cuanta más información posible del jugador pretendido. Hablan con compañeros, entrenadores, agentes y cualquiera que lo conozca. Piden datos sobre sus características en la pista (“¿defiende?”, “¿está acostumbrado a jugarse los balones decisivos?”), pero también sobre su vida fuera de las canchas (“¿qué tal es?”, “¿está casado?”, “¿qué notas sacó en la universidad?”). Todo suma y resta, según sea el caso.

Para seguir los partidos cada cual prefiere situarse en una parte diferente del pabellón. Hay ojeadores que prefieren una visión clásica del partido y buscan acomodo en un lateral de la grada. Hay, por el contrario, quienes se posicionan tras la canasta porque quieren ver de cerca cada gesto del jugador. “Si buscas un base, por ejemplo, es bueno escuchar todo lo que dice durante el juego. Saber si ordena a sus compañeros o se limita a pedir el balón”, nos explican.

Los ojeadores también intentan hablar, en persona o por teléfono, con los jugadores para conocer si su interés por viajar a Europa es verdadero. Éstos se suelen mostrar esquivos y distantes, así que la conversación no suele servir de mucho. Los clubes, eso sí, se aseguran que el mensaje le llega al jugador, pues son muchos los agentes que presumen de tener a un jugador y no es sencillo verificar si la información es correcta. De hecho, es fácil que a un mismo equipo le oferten el mismo jugador varios representantes diferentes. “No es mío, pero puedo llegar a él”, se excusan cuando uno trata de poner orden.

La entrada diaria, que permite ver de cuatro a seis partidos, cuesta 20 dólares y el pase para los diez días, 150 dólares. Los ojeadores de los clubes no se escapan de pagar ya que el evento no deja de ser un negocio. En la ciudad del entretenimiento por excelencia todo tiene su precio. De hecho, la mayoría de espectadores que acuden a presenciar los encuentros tiene alguna vinculación con el baloncesto. De turistas, más bien pocos.

Los jugadores que actúan en la NBA Summer League de Las Vegas deben tener tres o menos años de experiencia en la NBA. Ésa es una de las pocas normas que los clubes deben cumplir. El resto de las reglas son más o menos las mismas, aunque los partidos se juegan a cuatro cuartos de diez minutos y los jugadores pueden cometer hasta diez faltas personales, cuatro más de lo permitido en la NBA. “Se busca que haya contacto, que se pueda comprobar si un jugador es duro o no”, nos explican.

Hay otros asuntos logísticos que no son sencillos de resolver para los ojeadores. ¿Ejemplos? Desde el clásico problema para encontrar un taxi de vuelta a ‘The Strip’, donde están la mayoría de los hoteles, a la odisea de alimentarse como es debido. Si uno sigue todos los partidos, estará en la Universidad de Nevada Las Vegas desde antes de la una del mediodía hasta pasadas las diez de la noche. Por tanto, deberá almorzar y cenar allí. El ‘Cox Coffee’ es el único sitio en el que comer. Una vez se aprende que los ‘Hot Dogs’ se llaman ‘Rebels’, todo es más sencillo, pero la variedad de opciones no abruma. Tres dólares por el perrito y tres más si se acompaña con nachos, no hay mucho más donde elegir.

Nadie dijo que fichar fuera sencillo y es por ello que muchos de los clubes de la Liga ACB siguen realizando este peregrinaje anual a Las Vegas, donde este año han pasado, al menos, representantes de Akasvayu Girona, FC Barcelona, CAI Zaragoza, Cajasol, CB Granada, Kalise Gran Canaria, Pamesa Valencia, TAU Cerámica y ViveMenorca.
Artículo publicado en ACB.com el 17 de julio del 2008. Consulta aquí el artículo en su contexto original.