dijous, 23 de setembre de 2010

Entrenador


Tenía cronometrado que a Juan Carlos Garrido le llegarían las primeras críticas al poco de asomar algún resultado contrario. Conté hace un par de semanas la fábula del novio y el marido para tratar de explicar por qué. Me equivoqué. Las piedras han llegado antes de tiempo, sin esperar a traspiés importantes o, al menos, definitivos. Algo extraño en un entorno dócil que acostumbra a aplaudir todas las decisiones del club.

El entrenador del Villarreal CF no ha caído en gracia a una parte de la prensa y la afición, que, por su trayectoria humilde, se esperaba a alguien cercano y se ha encontrado, dicen, con un tipo más distante. Habían llamado a Pep y les han traído a Mou. Algunas de las últimas ruedas de prensa, las posteriores a las victorias ante el RCD Espanyol y el Levante UD, han sido más tensas de lo que el resultado sugería.

El técnico, que ha sido cocinero antes que fraile, es consciente de que su relación con los medios de comunicación no es tan fluida como desearía, pero cualquier paso que da para limar asperezas es descifrado en el sentido contrario, como una agresión. La charla táctica de este verano con los periodistas es un buen ejemplo. La presentación de su web personal, otro. “Es una página que intenta llegar a la gente de una manera positiva”, tuvo que excusarse el martes.

Hay cosas que, llegados a este punto, no le ayudan al entrenador, como que los amigos le hagan pancartas comparándolo con Dios cuando apenas lleva un puñado de partidos en un banquillo de la Liga BBVA, pero tampoco es para tanto. Manuel Pellegrini era mucho más arisco y, al menos en Vila-real, nunca fue criticado por ello. ¿Cuál es la diferencia? ¿Le reímos las mismas excentricidades a un chileno que luego le criticamos a un valenciano? Sería un extraño caso de chovinismo inverso, que es algo que ni siquiera estoy seguro de que exista.

A los entrenadores hay que analizarlos por el rendimiento de sus equipos y no por el personaje que, a modo de careta, se han creado para sobrevivir a cuatro ruedas de prensa semanales. Si el Villarreal CF no funciona, habrá que pedirle cuentas, pero a uno le da la sensación de que por aquel entonces será difícil encontrarlo. Como no paren de lanzarle piedras, yo les recomiendo buscarlo bajo una montaña de escombros.

Artículo publicado en Levante de Castelló el 23 de septiembre del 2010.