dijous, 14 de gener de 2010

El café hirviendo


Por mucho que se empeñen en Maastricht, España no es Europa. En cualquier país del continente cuando algo no funciona, uno reclama y rápidamente el responsable en cuestión trata de solucionarlo a la mayor brevedad posible. Parece sencillo. Aquí, en cambio, es diferente. Cuando alguien osa quejarse ya se puede ir olvidando de recibir ayuda. El receptor se siente ofendido y, a modo de venganza, pospone su actuación con la clara intención de desesperar a aquel que necesita ayuda.

“No es normal lo que les cuesta a los árbitros pitarnos un penalti”, se quejó José Manuel Llaneza al poco de iniciarse el año. El consejero delegado del Villarreal CF razonó lo que a él le parecía “una situación que no tiene una explicación lógica". Esperaba, intuyo, que los colegiados trataran de enmendar esta anomalía extremando la vigilancia de lo que ocurre en el área de los rivales.

Dicho y hecho. Lo contrario, se entiende. Al Villarreal CF siguen sin pitarle penaltis y ahora, además, le sancionan con algunos de dudosa justificación. La mayoría de aficionados se extrañan, olvidando situaciones similares que ellos han padecido en sus propias carnes. Pides, por ejemplo, que la leche del café no esté caliente y te la traen hirviendo. Pasa todos los días en las mejores familias.

Muchos piensan que es un descuido, pero hace ya tiempo que comprendí que los despropósitos no son involuntarios. Son una manera de hacerle ver al reclamador que uno posee un trabajo mal pagado, que bastante tiene con hacer horas de más y con aguantar a su jefe como para encima satisfacer los caprichos del primero que se acerque.

Los árbitros hacen lo mismo. No entienden las designaciones que reciben y se hartan de recibir críticas procedentes de la grada y de los medios de comunicación. Además, muchos se llevan mal con Victoriano Sánchez Arminio, su jefe. Sólo falta que, encima, cuestionen su trabajo desde los clubes. Seguramente, pues, el Villarreal CF puede ir olvidándose de lanzar un penalti en las próximas semanas. Es un contratiempo, pero que nadie trate de utilizarlo para desviar la atención sobre lo realmente importante; el rendimiento del equipo en los últimos tres partidos. Eso sí es un despropósito.

Artículo publicado en Levante de Castelló el 14 de enero del 2010.